domingo, 7 de junio de 2009

UNA HISTORIA DE LA HUELGA DE PAGO DE FUCVAM DEL 83 Y EL SURGIR DE UNA HERRAMIENTA HISTÓRICA COMO EL PLEBISCITO.Uruguay.

3.2. El rol político y social del cooperativismo de vivienda: F.U.C.V.A.M.


Gustavo González(*)

I. Un domingo de febrero, durante la dictadura

"Puerta por puerta toda la ciudadanía acompañó a FUCVAM".
"DEMOLEDOR PUEBLAZO"
(Semanario "Aquí", 28 de febrero de 1984).

El 26 de febrero de 1984 se llevaba adelante la recolección de firmas a los efectos de lograr la convocatoria de un plebiscito para derogar la llamada "Ley de Propiedad Horizontal" aplicada a las Cooperativas de Vivienda[1]. Fueron precisamente los cooperativistas de vivienda de nuestro país los que convocaron a una de las más grandes jornadas cívicas que luego de once años de dictadura fue capaz de llevar adelante el pueblo uruguayo.

Ese domingo de febrero, más de diez mil personas en todo el país salieron a juntar las firmas necesarias y lograron en esa primera jornada, en plena dictadura, la friolera de trescientas treinta mil.

El editorial de "El Solidario" (órgano de prensa de FUCVAM) publicaba por aquel entonces: "Montevideo distinto. Domingo, desde las 8 de la mañana, gente por las calles golpeando puerta a puerta en busca de una firma que haga posible derogar una ley". Y las radios, la TV, los diarios anunciaban: "Hoy los cooperativistas están en la calle".

Montevideo estaba empapelado después de muchos años en que los muros permanecían mudos y la consigna era una sola: ¡FIRME POR EL NO DE FUCVAM! Este eslógan supo contar con la adhesión de diez mil personas que militaron por esa causa. Y clubes deportivos, parroquias, sindicatos, clubes políticos, pusieron a disposición sus locales para que el pueblo se acercara a firmar.

Distintas organizaciones, gremiales, sociales y políticas, se pronunciaron solidarizándose con FUCVAM: la Sociedad de Arquitectos, la Asociación de Agrimensores, el Colegio de Abogados, la Asociación de Escribanos, los Institutos de Asistencia Técnica, el Partido Nacional, el Frente Amplio desde su clandestinidad.

Brigadas obreras salían de sus sindicatos a cubrir las diferentes zonas. Eran los gráficos, los metalúrgicos, los trabajadores del cuero y tantos otros. En definitiva, la clase obrera. Sus brigadas proletarias estaban ese domingo en la calle demostrando una vez más la solidaridad y la lucha.

Los aliados históricos del Movimiento obrero, también marcaban presencia: eran los estudiantes todos, los futuros médicos y dentistas, los aspirantes a abogados, arquitectos e ingenieros, la juventud que no pudo someter la dictadura, los que se concentraban en A.S.C.E.E.P. y salían a luchar junto a nosotros. Con sus pelos largos y sus vaqueros gastados, eran el símbolo de libertad que corría aquel 26 de febrero por las calles de nuestra República.[2]

Un camión, un bombo, un redoblante, voces enronquecidas, caras pintadas concentran la atención en una esquina. Son los pibes de "El Firulete", una de las murgas cooperativistas, murgas que también estaban recorriendo las calles de la ciudad con su canto solidario de "Casas, gente que trabaja....".[3] El canto del pueblo se trasuntaba así en militancia, en fervor, en alegría y denuncia contra el despotismo y la arbitrariedad.

En los barrios cooperativos, mientras tanto, todo estaba organizado: los niños pequeños en la guardería (los mayorcitos también juntaban firmas); las ollas en el salón comunal, y toda la familia en la calle. No importaba la edad: había que salir y salimos, convencidos que la victoria era nuestra. ¡Luchar hasta vencer!, esa era la consigna y por ella se jugó todo el movimiento cooperativo.

En el local central sonaba el teléfono una y mil veces. De pronto, noticias del interior del país: la jornada había sido declarada ilegal y había compañeros detenidos. Pero nadie desesperó, la madurez hizo redoblar el esfuerzo y con más ganas salimos a ganar.

Ese 26 de febrero de 1984 fue FUCVAM quien acaudilló la lucha contra la dictadura. Y eso fue posible porque existía un relacionamiento del movimiento cooperativo con el conjunto de la población, un relacionamiento tejido de mil maneras, que no se logra de un día para el otro ni porque a algún iluminado se le ocurra.

En la rica historia de esa relación hay una serie de razones objetivas y también subjetivas que fueron estructurando socialmente el poder llegar a esa realidad, que condujo al hecho inédito que el cooperativismo lograra tal vínculo con el resto de la población que hiciera posible, en un momento histórico determinado, que vanguardizara una lucha de masas. Trataremos de arrojar luz sobre los elementos que, en nuestra opinión, permiten interpretar estos acontecimientos. Para ello debemos remontarnos un poco en el tiempo.


II. Agosto del año 82

A esa altura de los acontecimientos ya habían ocurrido en el país algunos hechos que habían infligido al régimen alguna derrota importante, como lo fue el plebiscito de 1980, en que el pueblo rechazó la reforma de la Constitución que planteaba la dictadura militar. Un triunfo de esas características llevó a reacomodamientos de algunos grupos opositores, que buscaron articularse con los sectores organizados de la sociedad civil, con estamentos del movimiento obrero y de los trabajadores en general, que eran quienes estaban sufriendo las consecuencias de la crisis económica más duramente.

Era justamente en las cooperativas de vivienda donde esos sectores no habían perdido la organización ni su práctica democrática. Aquí vale recordar lo que el Ing. Alejandro Végh Villegas[4] informaba al Consejo de Estado, organismo que hacía las veces de Poder Legislativo durante el régimen de facto, haciendo suyas las palabras del entonces Presidente del Banco Hipotecario, Dr. Julio César Luongo: "Eso trajo como consecuencia la formación de un número importante de cooperativas que fueron llevando a un nucleamiento de todo el sector o de todo el movimiento cooperativo que en buena parte no se adecúa o condice totalmente con la idiosincrasia de nuestros ciudadanos y que en muchos de los casos contiene dentro de sí facetas que pueden preocupar desde algún punto de vista ya que pueden llegar a afectar la seguridad". Como se ve la dictadura tenía claro los peligros que para un régimen autoritario tienen estas formas de nucleamiento llamadas Cooperativas de Vivienda.

Precisamente en el año 1982 se lleva adelante una Asamblea Nacional de FUCVAM en la que aparece por primera vez un elemento que será clave para interpretar el rol que jugará la Federación de ahí en más. En el sexto punto de la plataforma aprobada se dice "que preocupan a las familias cooperativistas las circunstancias particularmente difíciles en que se encuentran, derivadas de situaciones de seguro de paro y desempleo". Por primera vez se liga entonces el problema salarial y de ocupación al del pago de la amortización de la vivienda.

Esto no es menor, ya que pese a que las cooperativas habían nacido en gran número del movimiento sindical, hasta ese momento se habían negado a reivindicar los problemas laborales desde FUCVAM. Para que se diera este cambio, incidieron por un lado la clausura total de los sindicatos, que hacía que no existiera otro ámbito para formular esos reclamos, y por otra parte una nueva camada de dirigentes que accede a la dirección de FUCVAM en ese año y que interpreta ese sentir de su base social y lo potencia desde la dirección del movimiento.

Al asumir esa nueva Dirección se comienza un profundo estudio acerca de las variaciones de la Unidad Reajustable y su relación con el ingreso de los cooperativistas, lo que es sumamente significativo porque hasta ese momento FUCVAM había aceptado el pago riguroso en esa moneda, partiendo de la base que era la garantía de no desfinanciamiento del Plan Nacional de Vivienda.

En octubre del año 82 FUCVAM realiza su primer acto público luego de años de silencio, en el ex Cine Cordón de la avenida Dieciocho de Julio en Montevideo. Los cooperativistas colman las localidades del mismo y allí se denuncia un incremento abusivo de las cuotas que resiente las economías familiares ya empobrecidas por los bajos salarios y la desocupación creciente.

Esto va perfilando un giro importante en el Movimiento, que hasta ese momento había ido gestando calladamente la resistencia desde los Barrios. Ir llevando con claridad esta cronología nos irá mostrando como se hará posible, dos años después, la gran jornada del 26 de febrero.


III. Entrado el año 83

En este año tendrá lugar la mayor demostración de masas contra la dictadura convocada por el movimiento sindical: el 1º de Mayo de 1983, en efecto, ante el llamado del Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT) se realiza, en la explanada del Palacio Legislativo, luego de diez años de prohibiciones, una concentración popular que supera todas las expectativas.

Pero no podemos olvidar que quince días antes FUCVAM había logrado, en otro acto, colmar las instalaciones de un Club, reuniendo aproximadamente tres mil personas. Allí los cooperativistas vuelven a insistir en el planteo de una problemática que trascendía al mero problema de la vivienda.

Por aquel entonces declarábamos a la revista del Centro Cooperativista Uruguayo, "Dinámica Cooperativa": "Si el salario real sigue bajando no hay quien pueda garantizar la devolución de los préstamos. El salario real, según cifras oficiales, ha tenido una baja del 60% desde la fecha que se inició el Plan Nacional de Vivienda hasta hoy. Esto quiere decir que, construyendo con los intereses que ha fijado el Banco, va a ser imposible poder amortizar la deuda".

El movimiento cooperativo de vivienda también empieza a ver con claridad por esos meses que FUCVAM no salía sola del problema del pago de las amortizaciones y que éste era parte de uno mucho mayor: el problema del desempleo y de la caída del salario. Paso a paso, los cooperativistas comienzan a opinar y a tomar posición acerca de temas que hasta ese momento estaban reservados a otros sectores de la sociedad civil. Y en sus actos y declaraciones la Federación comienza a transmitir la imperiosa necesidad de procesar la unidad con otros sectores del Movimiento Popular

FUCVAM levanta entonces una plataforma reivindicativa que, rompiendo una restricción que había sido histórica, suma a los temas de la vivienda el reclamo de salarios justos y pleno empleo. Este reclamo uniría a los cooperativistas definitivamente con el Movimiento Sindical, que sin duda alguna, por medio del PIT, ya despuntaba una reconstrucción que no tendría vuelta atrás. Es dentro de esa lógica que la Federación convoca a sumarse al acto del 1° de Mayo, que tendría como consignas centrales: libertad, salario, trabajo y amnistía. Y no será por casualidad que en las columnas más importantes de aquel impresionante acto estén los barrios cooperativos con sus banderas y sus pancartas.

De ahí en más el camino a transitar se irá reafirmando en esa línea de acción, con un total apoyo de la base cooperativista. Y eso mismo va generando que otros sectores opositores al régimen comiencen a ver a FUCVAM como un valioso aliado y por ende con mucha simpatía.

La movilización en general, por otra parte, es creciente. Se estructura nuevamente, luego de años de silencio, el Movimiento Estudiantil, al constituirse ASCEEP, y comienza a denunciarse abiertamente el gran tema de los Derechos Humanos. Todo esto lleva a que en 1983 se forme a nivel social un gran frente opositor, en el que se nuclean el PIT, ASCEEP y FUCVAM, con el apoyo del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ), constituyendo la llamada Intersocial, que convocará con los sectores políticos a verdaderas jornadas cívicas de lucha contra la dictadura.


IV. La huelga de pagos y la "Ley de Propiedad Horizontal"

De allí en más continuará afirmándose este nuevo perfil del movimiento cooperativo de vivienda. Pero todavía habría un instancia que permitiría al movimiento ganar mayor autoridad política en la coyuntura: será en el mes de setiembre de 1983, en que, luego de un profundo debate interno se toma en la Asamblea Nacional[5] la resolución de no pagar al Banco Hipotecario el reajuste del 15% fijado por el gobierno para ese año.

En esta resolución hay dos aspectos centrales a ser analizados: por un lado, las distintas posiciones frente a la medida que se plantearon en la propia Asamblea, donde un grupo de Cooperativas -minoritario- se opuso a ella, argumentando los riesgos que se corrían y proponiendo denunciar la situación pero sin dejar de pagar. La resolución de no pago se aprueba por inmensa mayoría, pero no es unánime, y se da al cabo de un debate que no fue de fácil trámite. Pero adoptada esa resolución, todo el gremio la cumplirá sin fisuras, aspecto que será fundamental para el futuro.

El otro aspecto a destacar es que, por primera vez en la historia del país, se lleva adelante una huelga de pagos a un organismo del Estado. FUCVAM será por este motivo tapa de diarios y se abrirá un debate fermental entre quienes apoyan la medida y quienes la combaten: pero de lo que no hay duda es que el espectro de opinión se agranda en forma sustancial, lo que hace comprometer a otros sectores en la lucha de los cooperativistas.

La respuesta del régimen no se hizo esperar y consistió en la aprobación por el Consejo de Estado de lo que los cooperativistas llamamos "la ley de Propiedad Horizontal". Ésta tenía dos objetivos fundamentales: por un lado, desactivar la huelga, lo que se buscaba con el pasaje compulsivo de las cooperativas a un régimen de propiedad individual que eliminaría el pago colectivo, que era precisamente donde se hacía fuerte la medida; por otro lado, se hería de muerte la esencia misma del movimiento cooperativo, que es el carácter de usuarios y la propiedad colectiva[6].

El documento que elaboró FUCVAM para preparar la recolección de firmas del 26 de febrero enfocaba la respuesta de la dictadura, sin embargo, en una perspectiva más amplia. Allí bajo el título: "Ley de Propiedad Horizontal: ¿fue ésta una medida de respuesta al no pago del 15%?", se decía:

"El Régimen intenta plantearlo de esta manera, les interesa que la masa cooperativista bajo esta amenaza se divida y aparte de su Dirección. Ante esto, la contestación nuestra es que no precisamente la medida de lucha emprendida es la que hace que el gobierno tenga esa idea para el Cooperativismo.

La escalada represiva contra nosotros cuenta ya una década. Este puede ser el golpe más notorio, pero debemos analizar como ello se fue sucediendo en el tiempo, concretamente el ataque a los trabajadores para imposibilitar que éstos accedan a una vivienda decorosa.

El cooperativismo pasa de tener casi el 50% de las inversiones en vivienda en el año 75, a tener el 3% en la actualidad frente a las otras líneas de crédito. Prohiben conformarse nuevos grupos de Ayuda Mutua, no otorgando más Personerías Jurídicas. Aumentan los intereses del préstamo del 2% al 4% en una primera instancia, lo que lleva inevitablemente a que las amortizaciones futuras sean inaccesibles, ya que el salario real sigue descendiendo.

No conformes con este conjunto de medidas que se venían tomando, surge en el año 1979 la Circular 7.000[7], con exigencias de ahorro previo y un nuevo aumento de los intereses, pasando éstos al 6%, cosa fundamental. Se les quitan terrenos a cooperativas que ya los tenían adjudicados sin ni siquiera previo aviso. Hasta diez años de espera deben soportar las cooperativas para que se les otorgue el préstamo, llevando esto a la permanente desazón y desintegración de los grupos.

Centenares de compañeros se ven imposibilitados de estar en los cuadros de dirección de las Cooperativas, debido al control represivo que contra ellos se hace, no dejando que los mismos sean elegidos en Asamblea para ocupar cargos.

No se puede enfocar este problema como Banco contra Cooperativas, sino como Gobierno contra Movimiento Popular".

Es precisamente en esta oposición que la Federación centrará sus baterías en la gran jornada de la recolección de firmas. Y esto resultó un gran acierto estratégico, porque sin duda alguna no hubiera sido posible explicar a todos y cada uno la especificidad y complejidad del propio cooperativismo, del Banco y aún de la Ley, para obtener el apoyo popular y una respuesta al nivel de la que se tuvo. Pero abrazando nuestra causa con la de la libertad del pueblo, el apoyo surgía espontáneo: la gente firmaba contra la dictadura y a favor de una organización popular agredida, sintiendo que respaldando nuestra lucha estaba respaldando también la lucha por la reconquista de la democracia.

Importa recordar en qué situación se encontraba el mapa político al comenzar el año 84. Fue en el mes de enero precisamente, el día 18, que se llevó a cabo, en un marco de conflictividad sindical muy fuerte, el primer paro general desde el golpe de Estado. Ese día la clase trabajadora se pone a la cabeza de la movilización popular, convocando al paro junto a la Intersocial.

En esos momentos se estaban llevando adelante dos ocupaciones de fábrica por parte de los trabajadores de ILDU (textiles) y TEM (electrodomésticos), que sumados a los conflictos que también estaban en curso en la pesca y el transporte creaban, después de mucho tiempo, un clima de gran convulsión social. Eso hacía que el conflicto de FUCVAM estuviera ya totalmente rodeado y para nada aislado.

Pero FUCVAM seguía tomando la iniciativa y llega aún a declarar la huelga total de pagos al BHU (lo que constituía una experiencia única hasta ese momento), cuando, aplicando el flamante Decreto, el régimen intenta pasar de oficio y sin consulta a una Cooperativa a Propiedad Horizontal.

Fue este cúmulo de experiencias de lucha que llevaron adelante los cooperativistas de vivienda, lo que hizo ganar a su Federación autoridad política frente a los distintos actores de aquel convulsionado momento y lo que la convirtió en protagonista de aquellas jornadas.

Se habían constituido por entonces dos ámbitos de coordinación política y social que serían determinantes en las distintas batallas que se daría nuestro pueblo en el periodo final de la dictadura: la Intersocial y la Intersectorial. La primera estaba compuesta por las organizaciones sociales más representativas y como no podía ser de otra manera FUCVAM se había ganado el derecho a constituirla junto al PIT y ASCEEP.

La Intersectorial, en cambio, era una instancia de coordinación superior, puesto que en ella se sumaban a las organizaciones sociales los representantes de los partidos Políticos. FUCVAM ocupó también allí un lugar y ese lugar fue protagónico. Logró estar donde la historia quiso que estuviera, y ello fue posible porque en los inicios de los años 70 se había desarrollado un Movimiento de enormes potencialidades, que fue capaz de hacer eclosión política cuando la organización alcanzó el grado de crecimiento y madurez suficiente, y cuando el momento histórico lo requirió.

La jornada del 26 de febrero, de la que hablamos al principio de este artículo, fue quizá el punto más alto de esa eclosión. Pero antes de ese día FUCVAM ya había escrito muchas páginas de solidaridad, de libertad y de lucha. Y muchas más le quedan aún por escribir.[8]


V. Las condiciones para un fenómeno social inédito

A título de resumen final me gustaría compartir con el lector una reflexión sobre los elementos que crearon, a mi juicio, las condiciones que hicieron posible esa relación política y social, que hemos intentado describir, entre las cooperativas y el conjunto de la Sociedad Civil.

a. El funcionamiento democrático de las cooperativas.

El funcionamiento orgánico de las cooperativas es naturalmente horizontal, lo que no sólo permite sino que estimula la participación directa de la masa social en las distintas instancias que el grupo debe sortear. Es precisamente la Asamblea el órgano de resolución máximo y es ella quien mandata a los dirigentes a cumplir las resoluciones que emanan de ella misma.

Quiere decir que existe en las cooperativas un real control democrático. Que además se hizo sentir en momentos muy especiales del país, cuando eran las cooperativas de vivienda los únicos lugares donde se podía discutir, más allá de las restricciones generales interpuestas al conjunto de la sociedad.[9]

b. La empresa de los trabajadores.

La propia construcción de las viviendas pone al trabajador ante una serie de responsabilidades a las que seguramente nunca antes se había visto enfrentado. Tengamos en cuenta que desaparece el patrón y que la empresa constructora somos todos. Y no sólo el socio titular se involucra en esto sino que el conjunto de la familia vive la experiencia con mucha intensidad.

Esto trae aparejado que la gente desarrolle, lo quiera o no, una serie de destrezas, hasta ese momento ocultas en la mayoría de los casos: manejar informes y cálculos económicos, analizar con técnicos el cronograma de obra, programar acciones, discutir y resolver problemas de relación social. En una palabra, llevar adelante una importante empresa social, lo que va capacitando a la gente y trae aparejada la formación política y social de un importantísimo número de nuevos dirigentes.

c. El origen social de las cooperativas.

Un importante número de cooperativas nacieron en los sindicatos. Es por ello que muchas de ellas mantenían una cultura organizativa y de debate en base, debida a que sus integrantes contaban con una experiencia anterior muy importante de organización y lucha.

Esto por otra parte le dio al propio Movimiento un perfil muy identificado con el sindical, lo que hizo que no fuera nada traumática su unidad con la central obrera, ni bien ésta volvió a la escena política pública.

d. La legalidad que pudo mantener.

Los sindicatos y su central fueron clausurados y prohibido todo tipo de funcionamiento de los gremios obreros. No sucedió lo mismo con las cooperativas y su Federación, ya que no se podían clausurar las viviendas ni impedir que la gente hablara con su familia y sus vecinos. Por ello, más allá de una serie de muy importantes restricciones, las Cooperativas pudieron seguir manteniendo un funcionamiento que posibilitó que una serie de actores inquietos por los problemas sociales vieran en ellas y sus barrios ámbitos de participación idóneos para una práctica de oposición al Régimen

e. Su identidad nacional y popular.

Las cooperativas nacidas en las barriadas obreras y en sus sindicatos tenían -y mantienen- una raíz netamente popular, que hace posibles alianzas sociales y políticas más allá de sus límites.

Se suma a ello que es un movimiento auténticamente nacional, quizás semejante a otras experiencias internacionales, pero con un sello de identidad nacional muy marcado. Todo esto, unido a su historia, hizo ganar al movimiento cooperativo un prestigio muy importante en otros países, en el que FUCVAM supo buscar apoyo en momentos de lucha difíciles.

f. Resolver el techo.

Por último, debemos tener clara la importancia que tiene, en un país de las características del nuestro, resolver nada más ni nada menos que el techo. Y la cooperativa resuelve el sueño de la casa de la mejor forma, tanto física como económica y socialmente.

Se transforma así en un vínculo muy fuerte entre las personas y familias que han transitado juntas esa experiencia y además los cooperativistas son mirados de manera especial, por el conjunto de la población trabajadora: yo diría que hasta con cierta admiración por ese conjunto de nuevos "colonos", que llegan a un terreno vacío del barrio y terminan edificando una verdadera ciudad alternativa.

Podríamos seguir enumerando elementos, pero creo que los que mencioné son los que estructuran los ejes fundamentales en los que las cooperativas y FUCVAM sentaron las bases de una organización que, con menos de tres décadas de vida, ya forma parte de la historia uruguaya.

(*) GUSTAVO GONZALEZ, en su juventud trabajador de la industria de la bebida y estudiante de Magisterio, fue Secretario General de FUCVAM hasta comienzos de 2004, fecha en que pasó a desempeñarse como Consultor en Hábitat y Vivienda dlel Centro Cooperativo Sueco. Ya había sido Secretario General de FUCVAM en otras dos oportunidades: 1982-83 y 1989-90 y asimismo Presidente en dos períodos: 1984-85 y 1991-92. Es integrante de H.I.C. (Coalición Internacional del Hábitat) para el Cono Sur.

[1] Se trata del posteriormente designado como "Decreto-Ley" Nº 15.501, aprobado durante la dictadura, que disponía el pasaje compulsivo de las Cooperativas de Usuarios al régimen de Propiedad Horizontal (v. Capítulo 2.1.). Esta disposición había sido la respuesta del régimen a la resistencia que habían hecho las Cooperativas agrupadas en FUCVAM a un reajuste de cuotas que consideraban abusivo, negándose a pagarlo. Era la primera huelga que se hacía públicamente contra la dictadura y ésta contraatacaba procurando desarticular el movimiento cooperativo.
La Constitución uruguaya, que teóricamente aún regía, disponía que el veinticinco por ciento de los inscritos en el padrón electoral podía solicitar, mediante su firma, que se plebiscitara la derogación de una ley que consideraran inconveniente, y a esa disposición recurría FUCVAM.
Todo esto se tratará en detalle más adelante en este artículo. (Nota del Compilador).
[2] Las gremiales históricas de obreros y estudiantes (la C.N.T., Convención Nacional de Trabajadores y la F.E.U.U., Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay) habían sido proscritas desde comienzos de la dictadura, en 1973. El movimiento sindical se había reagrupado en el Plenario Intersindical de Trabajadores (P.I.T.) y el estudiantil en A.S.C.E.E.P. (N. del C.).

[3] Canción del cantautor Ruben Olivera, que se ha transformado en el himno de FUCVAM (N. del C.).
[4] Ministro de Economía y Finanzas primero, y Consejero de Estado después, durante la dictadura. (N. del C.)
[5] Órgano máximo de FUCVAM, integrado por delegados de todas las Cooperativas afiliadas.
[6] Creo que vale la pena recordar aquí que el especialista chileno en Cooperativismo Carlos Bur, llama a las cooperativas de hipoteca única, o sea de usuarios, genuinas. (N. del C.).

[7] Disposición interna del BHU (que desde 1976, en el marco de una reestructura neoliberal del Sector Vivienda regía las políticas correspondientes) que establecía nuevas condiciones para los créditos a Cooperativas. (N. del C.).
[8] FUCVAM finalmente no debió completar la recolección de firmas para plebiscitar la "Ley de Propiedad Horizontal", porque un acuerdo político entre los partidos democráticos resolvió que la misma se derogaría no bien se reimplantara la democracia, lo que se negoció pocos meses después.
La historia no acabaría ahí, sin embargo: reimplantado el régimen democrático, la derogación demoró largos meses y llegó en el preciso momento en que la Suprema Corte de Justicia uruguaya hacía lugar a una demanda de FUCVAM para que se declarara inconstitucional -y por consiguiente inaplicable- el decreto-ley 15.501. Aún así, la norma legal que derogó el nefasto decreto dictatorial (ley Nº 15.853, de 24.12.1986) impuso una última prueba: las Cooperativas deberían resolver, por voto secreto, lejos del marco de sus libertarias Asambleas, si deseaban o no pasar al régimen de Propiedad Horizontal. El cien por ciento de las Cooperativas de Usuarios decidió, por abrumadoras mayorías, continuar siendo genuinas. (N. del C.).

[9] El Cr. Samuel Lichtensztejn, ex-Rector de la Universidad de la República y Ministro de Educación y Cultura en la segunda presidencia del Dr. Julio María Sanguinetti, las llamó, en una frase memorable, "islas de libertad". (N. del C.).

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