sábado, 16 de junio de 2012

Artículo acerca del libro " El camino posible"

Publicado por Semanario Brecha ( Uruguay) 15/6/12 Producción social de hábitat Que el Estado haga poco, pero bien Que el Estado debe actuar en materia de vivienda y ciudad, nadie lo pone en duda. El debate está centrado en cómo y con qué objetivos, ya que el mercado sólo se ocupa de los que pueden y los emprendimientos estatales amontonan viviendas sin crear convivencia. Raúl Zibechi “La vivienda y el hábitat son dos deudas aún en aquellos países con gobiernos progresistas”, señala Gustavo González, durante la presentación de las experiencias en catorce países latinoamericanos agrupadas en el libro El camino posible*. “En Uruguay la vivienda autoconstruida es el doble de la suma de lo que construyeron el mercado y el Estado”, agrega Benjamín Nahoum. Se trata de un compacto cuestionamiento a las políticas estatales de vivienda y una sólida propuesta de que los gobiernos dejen de lado lo que no saben hacer y se dediquen a apoyar a los actores de la autoconstrucción, que son quienes en las cuatro últimos décadas han construido ciudad y alojamiento para dos tercios de los latinoamericanos: nada menos que 400 millones de personas tienen un techo sobre sus cabezas porque se han empeñado en construirlo en base al trabajo familiar y colectivo. En setiembre de 2011 un conjunto de técnicos y especialistas en hábitat y vivienda de trece países de la región se reunieron en Cochabamba, Bolivia, convocados por el Centro Cooperativista Sueco (CCS) para debatir la problemática actual digamos bajo gobiernos mayoritariamente “progresistas”, los viejos y los nuevos avatares del mayor problema que aqueja a la población latinoamericana. De la reunión surgió la Declaración de Cochabamba que asegura que todavía hay “muchas casas sin gente y mucha gente sin casas”. La principal crítica, que punto por punto se aplica al caso uruguayo, es que es sigue apostando “a que la solución la traerá el mercado y no la sociedad”. Tanto el arquitecto Nahoum como González, ex dirigente de FUCVAM y actual coordinador del programa Regional de Vivienda y Hábitat para América Latina del CCS, suscriben una de las más polémicas afirmaciones de la Declaración: “La llegada de partidos progresistas a los gobiernos de muchos países de la región no ha cambiado esta situación: los discursos cambian, pero no las políticas”. Sostienen que la deuda externa sigue siendo más importante que la deuda social y que “el derecho a la vivienda, como los demás derechos económicos, sociales y culturales, sigue sin poder ser ejercido plenamente, desplazado por la mercantilización”. Para resolver el problema, sostienen que el Estado debe limitarse a apoyar a los movimientos sociales a través del financiamiento de viviendas y haciendo posible el acceso al suelo, el principal nudo que enfrenta la población a la hora de construir. MADE IN URUGUAY. El modelo de las cooperativas de vivienda por ayuda mutua que hoy se está extendiendo a la mayor parte de los países de la región, está inspirado en las cuatro décadas en que FUCVAM viene mostrando que no es sólo realista sino tal vez la mejor solución tanto por la calidad de las viviendas como por su capacidad de construir ciudad, algo que los estados han mostrado no saben hacer, a la vista de adefesios como Euskal Herria( Complejo Habitacional llave en mano) que crean más problemas de los que solucionan. Según González, “el nudo a desatar es el acceso al suelo urbano, por eso decimos que estamos ante un problema político antes que técnico”. Cree que la izquierda sigue considerando la vivienda como una mercancía, lo mismo que el suelo. Un buen ejemplo en esa dirección es el que instala el arquitecto argentino Raúl Fernández Wagner, especialista en tecnología de la vivienda. Sostiene que después de la crisis de 2001-2002 el Estado se involucró en la construcción de viviendas lo que llevó a que en los tres años entre 2004 y 2007 “se construyeran más viviendas que los 27 años anteriores”, o sea desde el fin de la dictadura. La nueva legislación permitió que las empresas privadas ofertaran en la misma licitación suelo, proyecto y precio. Un estudio posterior realizado en el área metropolitana de Buenos Aires, confirma el importante aumento en la cantidad de viviendas construidas, pero apunta una fuerte bifurcación: las empresas construyeron 13.500 viviendas pero en paralelo “se tomó la decisión, más trabajosa pero acertada, de construir en varias villas o asentamientos que tenía en suelo regularizado”, lo que albergó 9.100 viviendas y 5.000 mejoramientos. Comparando las dos opciones, el estudio concluye que “las viviendas en suelo aportado por las empresas tuvieron una localización más débil en atributos urbanos”. En síntesis: se pueden construir viviendas sin crear ciudad, o sea lazo social para la convivencia. El mismo Fernández Wagner asegura que pese al fuerte involucramiento del Estado, “en términos de derecho a la ciudad la situación ha venido empeorando”. El problema es sencillo y conocido. Cuando se vive un proceso de crecimiento económico el precio de la tierra y del suelo se disparan, ganando siempre los mercados y la especulación inmobiliaria a costa del débil papel conductor del Estado, lo que redunda en “un proceso de desarrollo urbano-habitacional que agrava la situación de los sectores más pobres y las clases medias-bajas urbanas, e incluso de una porción de las clases medias”. ESTADO A TUS ZAPATOS. El arquitecto mexicano Enrique Ortiz, quien fuera subsecretario de Vivienda y director del Fondo Nacional de Habitaciones Populares, apuesta por “la gestión participativa del hábitat” ya que tiene un “enorme potencial como generadora de tejido social, de manifestaciones de una nueva cultura en la que predominan la solidaridad, la ayuda mutua, la gratuidad y condiciones capaces de generar una convivencia más vital, lúdica, armónica y creativa”. Una larga trayectoria en organismos nacionales e internacionales convencieron a Ortiz de que el modo como se construya vivienda-ciudad, será determinante para el tipo de convivencia entre sus habitantes. La considera un derecho humano que no debe estar librado al juego de la oferta y la demanda, en el que debe predominar el valor de uso por sobre el valor de cambio, que debe ser “pensada como acto de habitar”, lo que la convierte en un “fruto cultural” que se articula con el entorno y la historia del lugar. En suma, esta posición defiende la idea de que las intervenciones urbanas deben ser muy cuidadosas, deben contar con múltiples actores necesariamente contradictorios que no pueden ser excluidos a riesgo de construir una ciudad deforme, técnicamente impecable pero socialmente inerte o, peor, inconveniente para la convivencia humana, razón de ser del acto de habitar. “En Uruguay tenemos desde hace cuarenta años un marco legal para la construcción social del hábitat, algo que ningún otro país tiene”, explica Nahoum. “Sin embargo, el problema de vivienda es muy parecido en todos los países”, agrega. El problema es por lo eso de voluntad política. “El Estado debe involucrarse porque los pobres no tienen capacidad de ahorro”, dice González, lo que no quiere decir que sea el Estado el que debe construir. En su opinión se trata de alentar “la confluencia de dos actores como los técnicos comprometidos y el movimiento popular por la vivienda que han conseguido pasar de la protesta a la propuesta”. Sin embargo, los gobiernos siguen empeñados en la entrega llave en mano y vuelven a cometer errores como el del Plan Juntos que realoja personas de barrios diferentes apostando al voluntariado, una figura que González cree no va conseguir resolver los problemas existentes. Por el contrario, y sin dudar de la buena voluntad, Nahoum cree que la actual orientación de la política de vivienda no es clara: “El año pasado se decidió exonerar a los inversores privados en viviendas, una decisión que no es para abaratar precios sino para aumentar ganancias. El resultado es que las cooperativas de vivienda y el Plan Juntos pagan los impuestos de los que los empresarios privados fueron exonerados”. * El camino posible. Producción social del hábitat en América Latina, AAVV, Trilce, Montevideo, 2012.

1 comentario:

  1. Hola señor Gonzalez. Soy Myron Tom de Nicaragua. Hoy lunes 9 de julio, cambiando los canales de televisión, tuve la suerte de encontrarme con una retransmisión de su ponencia aquí en Managua sobre la situación habitacional en Latinoamerica, que hiciera en el marco de la presentación del libro "El Camino Posible" -que, por cierto, inmediatamente busque en internet para descargarlo-. Soy un joven recién egresado de la universidad y confieso que no tenia ni la mas mínima idea de que existieran las alternativas para solventar el déficit habitacional que usted expuso en esa ocasión. Lo felicito con la claridad y sobriedad con que realizo su exposición. Me encanto su estilo. Me hubiese encantado tener la oportunidad de escucharle en vivo, pero bueno, me conformo con la tv. Saludos desde Managua.

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